Por azar del destino, la baracoense Josefina Muguercia Yácer no figura hoy entre las víctimas del brutal atentado ideado por el connotado terrorista Luis Posada Carriles contra una nave de Cubana de Aviación que segó la vida de 73 personas el seis de octubre de 1976, frente a las costas de Barbados.
Josefina, ex atleta del equipo Cuba de esgrima, fue integrante de la delegación seleccionada para representar a la mayor de las Antillas en los Juegos Centroamericanos de Caracas, Venezuela, en 1976, pero una lesión en su pierna izquierda sólo un día antes de la partida, le impidió asistir a la cita.
La casualidad la salvó de una muerte predestinada, pero no del dolor por una pérdida irremediable y de los aguijonazos del odio y la impotencia ante la impunidad que protege a los autores del crimen.
“El día antes del viaje resbalé, me caí y me lastimé el tobillo. Se me inflamó mucho la pierna, me dolía y lesionada no podía viajar. Fue muy triste para mí, lloré mucho porque representar a Cuba en una competencia internacional no lo puede hacer cualquiera, hay que luchar, prepararse muy bien, entrenar duro, yo luché duro y obtuve mi lugar… pero bueno, parece que la pierna me salvó del criminal sabotaje”.
Josefina recuerda con precisión hasta los detalles más mínimos: “El equipo de esgrima que participó en esos Juegos era mixto, porque las demás integrantes del equipo Cuba estaban en otro país. Completaban la delegación varias atletas del Juvenil A. Al no poder viajar yo, entonces se incorporó Vigen Felisola, del Juvenil A, quien con 16 años era la atleta más joven del grupo”.
El seis de octubre de 1976 es una fecha marcada en la memoria de Josefina Muguercia: “Fue una noticia terrible. Yo estaba en el comedor de la Escuela de Superación para Atletas (ESPA) nacional cuando llegó una compañera y me dijo ‘¿te enteraste que al avión donde venían los esgrimistas le pusieron una bomba?’ Me puse muy mal, no pude comer y le dije: bueno, vamos a esperar, a lo mejor es una ‘bola’ que se ha regado…
“Fuimos para el albergue, yo tenía un radio en la habitación y puse Radio Reloj, que solamente informaba que un avión de Cubana de Aviación había sufrido un accidente, pero no decía nada acerca de quiénes eran las personas que viajaban en la nave.
“A las 12 de la medianoche tocaron a la puerta del albergue y dijeron que todos los esgrimistas debían bajar para el teatro. Teníamos los nervios de punta, todas las muchachitas llorábamos. Algo me decía que no, que eso no podía ser, que era mentira; pero cuando llegué al teatro y vi a todos los profesores reunidos, a las enfermeras y médicos, me dije: entonces hay problemas.
“Había un micrófono en la mesa, nos sentamos todos y a la hora llegó el director de la escuela, se sentó y solamente dijo: ‘Todos sus compañeros han muerto”.
Aquel seis de octubre significó un antes y un después en la vida de Josefina Muguercia. Para ella la vida siguió su curso y algunos hablan incluso de la “suerte” que tuvo o la conminan a celebrar ese día su “segundo cumpleaños”. Pero ellos no saben… no conocen del dolor y la tristeza que todavía siente y que la acompañará hasta sus últimos días.
Relata Josefina que “después continué entrenando, me fui recuperando y a los dos meses fui a un campeonato a Puerto Rico donde se combatió vistiendo de negro, de luto por nuestros compañeros. Nunca olvidaré ese día. Yo perdí a mis compañeros, a quienes quería mucho, por eso exijo que se juzgue y condene al asesino Luis Posada Carriles”.











