La marcha continuó ininterrumpidamente por los campos orientales hasta llegar, sin grandes dificultades, al territorio camagüeyano, a un lugar conocido por La Federal, cerca de Guáimaro.
La Columna alcanzó, el 10 de septiembre, los montes del central Francisco, hoy “Amancio Rodríguez”, donde fueron detectados por personas que se dieron a la fuga en un automóvil. Tres días después, los invasores cayeron en una de las emboscadas tendidas por el Ejército enemigo, aunque en esta ocasión salieron ilesos.
A partir de aquel momento todo fue mucho más difícil, puesto que el Ejército del régimen conocía de su presencia en Camaguey. Esto conllevó a que el Comandante Camilo Cienfuegos decidiera abandonar los caminos firmes, al suponer, con mucho acierto, que en ellos el enemigo los estaría emboscando.
En lo adelante avanzaron por montes firmes, pantanos, caminos casi intransitables, alejados de los poblados, que si bien contribuía al debilitamiento de los soldados rebeldes, les proporcionaba una relativa seguridad, pues el Ejército de la tiranía trataba de localizarlos mediante el uso de aviones.
La inteligencia de Camilo fue decisiva para el éxito del recorrido. Los invasores en los primeros días de octubre llegan a Villa Clara por el río Jatibonico. Su Comandante escribió entonces: “Yo besé la tierra villaclareña, todos los hombreas que componían la tropa estaban alborozados. Una pequeña parte de nuestra misión estaba cumplida. Camaguey quedaba atrás, Camagüey y sus horas difíciles, Camagüey y sus horas de hambre.
“Una idea de eso es que durante treinta y un días que duró la marcha por esa provincia solamente comimos onces veces, con el día que nos comimos una yegua cruda y sin sal, con esto lográbamos uno de los más grandes triunfos en el orden militar revolucionario, ya que a pesar de la numerosa fuerza del Ejército de la tiranía, por tratar de exterminarnos, habíamos cruzado el largo recorrido desde Oriente hasta Las Villas, con sólo tres bajas”.











