Precisamente en el mes de octubre, las tropas al mando de Céspedes entraron en Bayamo, y se entonó por primera vez el himno que incitaba a “morir antes de vivir en cadenas”, del legendario Perucho Figueredo. Surgía la llama de la rebeldía nacional y las raíces de la cultura e identidad cubanas.
Los múltiples y diversos componentes étnicos y culturales, la resistencia de la metrópoli española a la independencia de Cuba, y las guerras anticoloniales, influyeron en el nacimiento de esa identidad.
En el mundo actual, en que predominan la globalización y la internacionalización de la cultura, aumenta peligrosamente la erosión de las formas nacionales de expresión ante el empuje de los códigos y mensajes imperiales.
Uno de los grandes retos para la humanidad toda en estos tiempos, es frenar el hegemonismo impuesto por los Estados Unidos que desnaturaliza todo lo auténtico y original.
Ese vecino del Norte, envuelto en una peligrosa crisis financiera, distorsiona a su antojo los conceptos de libertad, y no admite las radicales transformaciones sociales ocurridas en la Mayor de las Antillas en estos años de Revolución.
La permanencia del ilegal e inhumano bloqueo económico, financiero y comercial a la Isla, mantenido por sucesivas administraciones norteamericanas por medio siglo, constituye el más largo de la historia, y repercute en todos los ámbitos del quehacer cotidiano de los cubanos.
Por eso es necesario mantener la idea de uno de nuestros ilustres escritores, José Lezama Lima, de mantener una “cultura de resistencia”, ante la injerencia desmedida de otras naciones en los asuntos del pueblo de Cuba, para mantener encendida la llama de la libertad.
Y precisamente, en una fecha memorable como la de este 10 de octubre, los cubanos seguimos en pie de lucha, siempre con el perenne patriotismo que nos caracteriza, legado que mantenemos desde aquel grito de Céspedes, hace 141 años.











