El joven se desplaza como un bólido de un lado a otro de aquella forma de producción cañero-azucarera, con la mente situada en un punto: el taller de los medios de transporte; allí, una alzadora, es inseparable compañera en las jornadas de zafra.
« Aquí hizo también su vida mi abuelo Juan Santiago Sánchez, quien tuvo el honor de presidir esta cooperativa; de manera que desde los 12 años yo me estoy relacionando con las alzadoras y en general con la labor de los anapistas; me gusta la forma de trabajo y las cosas que se aprenden con los de mayor experiencia», afirma este joven de 25 años, que se desempeña como ayudante en el alza y tiro de la caña.
El muchacho afirma que debe su nombre a los caprichos de la modernidad, pero su ascendencia es campesina por los cuatro costados y su mayor deseo además de participar en cada contienda de la gramínea es poder influir para recuperar las tradiciones de allí: « las carreras de caballo, el rodeo y todas las actividades que alegraban la existencia en Carrera Larga» opina.
Y bien que le vendría a todos un poco más de diversión, habidas cuentas de lo tanto que trabajan los hombres y mujeres de aquellos parajes. Pese a los daños provocados por Ike, ellos intensificaron la siembra de viandas de ciclo corto, las hortalizas y los granos en las 70 hectáreas dedicadas a los cultivos varios; además elevaron los rendimientos en las 268 dispuestas para la caña de azúcar.











