´Guantánamo.- Sesenta y cinco años han transcurrido desde que los Estados Unidos lanzaran su mortífero y criminal bombardeo atómico sobre Hiroshima y Nagasaki; un momento que marcó por siempre el destino de miles de personas y que ni el paso del tiempo ha podido borrar la dolorosa huella.
Rememora Hiroshima aniversario 65 bombardeo nuclear de EE.UU
Un crimen abominable: Hiroshima y Nagasaki
Apenas unos minutos después de que el bombardero estadounidense Enola Gay dejara caer sobre Hiroshima a Little Boy, irónico nombre con el que bautizaron a aquel engendro demoníaco cargado de uranio, 12 kilómetros de la ciudad japonesa desaparecieron, unos 40 653 hogares estaban arrasados y más de 200 mil personas se convirtieron en antorchas humanas. Era el 6 de agosto de agosto de 1945, fecha que marcaría para siempre el destino de miles de seres humanos.
Tres días después, la misma mano asesina ordenó repetir la horrenda operación en Nagasaki, otra ciudad japonesa. ¡En minutos 80 mil seres humanos perecían!
Estas astronómicas cifras de muertos no incluyen las decenas de miles de hombres, mujeres y niños que fallecieron posteriormente, como consecuencia de las radiaciones recibidas por el innecesario ataque del gobierno de los Estados Unidos, autotitulado “campeón de los derechos humanos…
Cuando el genocida presidente estadounidense Harry S. Truman dio el visto bueno para el bombardeo atómico, ya la Alemania hitleriana estaba vencida y la derrota de los militaristas japoneses era inminente ante el ataque de las tropas anglonorteamericanas, las acciones ofensivas de la Unión Soviética y los fuertes movimientos de liberación de los pueblos de China, Corea, Indochina, Indonesia, Filipinas y otros territorios ocupados.
Entonces ¿qué pretendía Estados Unidos con el uso de la bomba atómica en Japón? Indudablemente que el objetivo era demostrar su poderío militar e intimidar a los demás países, en especial a la Unión Soviética, con destaque sobresaliente en la lucha contra el fascismo, para obligarlos a aceptar las decisiones de los imperialistas norteamericanos.
En 1946, recién terminada la Segunda Guerra Mundial, el ex primer ministro de Inglaterra, Winston Churchill, pronuncia en Estados Unidos y en presencia del presidente Truman, un discurso cuyo fondo era la declaración de una encarnizada guerra política contra la Unión Soviética. Este discurso pasó a ser el programa de acción del campo imperialista en el ámbito internacional.
Al referirse al lanzamiento de las bombas atómicas el profesor y físico inglés, Patrick Blackett, ganador del Premio Nobel en 1948, dijo: “...no fueron el último acto militar de la Segunda Guerra Mundial, sino el primer acto de la guerra fría diplomática contra Rusia”.
El mismo Winston Churchill afirmó al respecto: “Sería erróneo suponer que el destino de Japón fue decidido por la bomba atómica”, mientras que Harry Truman muestra la verdadera razón del imperdonable genocidio contra el pueblo nipón: “Si la hacemos estallar, como supongo que haremos, entonces, tendré indiscutiblemente en mis manos un buen garrote que mostrar”. Sobran los comentarios.
Cuando se cumplieron seis décadas del horrendo crimen, un sondeo de la consultora Gallup arrojó que la mayoría de los norteamericanos -un 57%- continuaba pensando que el ataque en Hiroshima fue una decisión correcta. El respaldo a las bombas atómicas crecía entre los seguidores del gobernante Partido Republicano -un 87% de adhesión-, frente al 63% de demócratas que avalan aquellos ataques contra Japón.
¿Decisión correcta? Sin comentarios...











